martes, 15 de octubre de 2013

Contrapunto Relativo de Aníbal Jaisért





El pasado 10 de agosto, Aníbal Jaisert decía con tranquilidad que Contrapunto relativo su blog había terminado. En ese momento que no por sabido siempre hay una cierta caricia de sorpresa, me limité a decir un “descanse en paz” propio para los que se van pero que siempre se quedan porque el recuerdo tiene ese formato de estrella que aunque apagada en los confines del Universo sigue brillando.

 Pero quería incidir más en el tema, tal vez lo propio hubiera sido hacerlo en agosto, desgraciadamente a mi me soplan vientos gélidos desde lo más alto del calor, así que entre idas, venidas, faltas de inspiración y otros tormentos que no vienen al caso, no he podido, no he querido no he sabido.  Pero es algo que deambula por la mesa del escritorio la funda del violín e incluso por las estanterías del Vampiro; es por eso que en una tarde otoñal de Zaragoza y con las patronales ya terminadas y no disfrutadas que no está la geografía ni los ánimos para ello, me siento ante un folio en blanco para hablar de Contrapunto relativo, lo hago principalmente porque es un blog que me ha gustado mucho, yo que ni soy bloguero ni lo pretendo ni quiero que así se me llame nunca.

 En la última configuración del escenario de Contrapunto relativo una serie de mosaicos atesoraban los poemas, prosas y opiniones y esa imagen ahora en el urbanismo final he de reconocer que siempre me resultó atractiva, porque para mí esa ha sido la esencia: un conjunto de arte musivaria, donde palabras, frases y estrofas han creado en ocasiones jardines románticos, tal vez castillos encantados y sólidos muros de opinión que me han hecho disfrutar y aprender. Es difícil encontrar palabras cuando se quiere definir un universo que a la vez forma parte de infinitos universos, no las buscaré simplemente hablo de momentos, lecturas agradables sabias palabras que infunden una sonrisa esculpida en la cara; admiración también no la oculto, me considero un admirador, y, valoro el trabajo en ese grupo de fragmentos que tanta rotundidad han creado, que tanta sensualidad han respirado y que tanta sensibilidad ha hecho correr como si de un torrente cristalino de los ríos del sur, manteniendo el norte cambiara su rumbo imposible para llegar al frío norte.

 Es posible que no sea lo suficientemente justo en la vida por esa deformación que tengo de ver todo con lo que el mundo mueve y respira en las cinco líneas de un pentagrama, creo sin dudar que la música como aglutinante a engarzado las delicadas miniaturas de orfebre que Aníbal a plasmado en ese variopinto paisaje, muchas veces real con la canción oportuna otras veces con la libertad sensitiva de quien lee al poeta y se deja mecer por los vientos de la imaginación y por la brisa de unos acordes que son notas transformando palabras y estrofas. Son tiempos de zozobra y claridad y poesía nos son necesarios para esta travesía.

Mientras escribo estas líneas escucho el Concierto para Violín y Orquesta, Opus 61 de Ludwig van Beethoven, me hacía falta rotundidad para escribir y verter opinión hacia quien la tiene en esencia. La poesía es agua en el desierto es una bufanda que respira cierzo y es también una piel entre sabanas arrugadas un devenir de pasiones una nota en el piano de la luna, escribir y hacerlo con amor a lo que se escribe es un caminar por esos desiertos y por dunas de desasosiego donde el oasis nunca llega a tiempo de la piel joven, pero entre cielos y mares y entre asfalto y diseño pijo, el poeta es alma que sacrifica piel, sentido y mirada por lanzar al mundo su palabra aunque el mundo sea como ese Sol que aún no ha acabado de vender su futuro a la mañana como Aníbal  escribía en esa maravillosa Rapsodia del Wadi Rum.

Me queda decir que palabra y música se hacen arqueología a fuerza de resistencia a la niebla de los mediocres, como enseñanza duradera nos queda lo escrito, animaría a convertirlo en una publicación sencilla como un contrapunto, un equilibrio armónico entre las veleidades de la red y la rotundidad del poeta como tantas y tantas veces dije. El poeta sacrifica su propia entraña porque sus lágrimas nos hagan respirar.

Gracias

domingo, 22 de septiembre de 2013

OTOÑO EN SAGASTA


Alguna vez he pensado que cuando dejas una ciudad, todo lo que son recuerdos se almacenan en ese sitio en el que de vez en cuando se abre una caja y tu sonrisa es sinónimo de placer, al recordar ese momento concreto y esa sensación ya antes vivida. También soy de los que piensa que muchas veces es como un libro bonito y bello cuajado de imágenes tiernas y perfectas que forman parte la mejor de tus colecciones no solo las fotografías también lo escrito en ese imaginario libro.

La realidad es bien distinta, quizás debiera decir –mi realidad- es bien distinta, regresar a Zaragoza es como volver a un sitio que no por conocido no deja de ser algo que se torna extraño en alguna esquina, en algún jardín, en muchas calles y casi siempre y esto es lo verdaderamente sorprendente en la mirada de algunas personas.

Piensas que estás en tu territorio y te das cuenta que tú territorio cambia, lo cambia la luz que traes incorporada, la forma de mirar las cosas, las calles, las tiendas, que tus amigos no tienen el aspecto del día a día que tú conociste, que aunque la gente sigue quedando en la puerta de El Corte Inglés, esa gente no tiene mucho que ver con lo que t fuiste cuando tú fuiste ciudad o parte de esa ciudad en el día a día.

Incluso ese acento característico y sonoro, te parece diferente ahora, y eso es una señal fuerte de alarma. Sería cuestión de pensar y sacar alguna conclusión aunque muy probablemente todas serán ligeras y carentes de contenido. La primera es que yo ya no soy yo aunque mi casa siga siendo mi casa, con esto no contradigo a Lorca, lo admiro cada día más, otra posibilidad es que yo no sea yo porque han pasado 6 años desde que yo y el gran río formábamos inspiración imprescindible, ahora el gran río es un sueño que uno necesita casi contemplar todos los días pero ya no hay preguntas solo la dulzura del discurrir del agua.

Por otro lado, las circunstancias, que son como una casa de putas donde te despiertas siendo cliente, almuerzas siendo madame y terminas la jornada de chica de compañía, las circunstancias son una puñalada trapera que nunca te esperas y que llega por sorpresa para sacar ese estado de Catarsis don de hombre y precipicio tienen escasos momentos para dialogar y alcanzar soluciones.

Llega El Otoño al Paseo Sagasta, todavía todo parece en orden, todo parece encajado en ese decorado que ya era hace seis años y que sigue siendo, pero solo yo y el gran río sabemos que algo ha cambiado, que las cosas parecen pero no lo son o son y no lo parecen. El Otoño vendrá y yo entonces mi iré pero volver a estar en esta orilla ha sido como desempolvar esa misa barroca que un día emociono y dio grandeza y que poco a poco con el polvo de los años se ha convertido en concierto, porque aunque el templo sigue la escenografía es totalmente distintas.

Soy consciente de que muchos estarán rayados con mis silencios, con mi estar pero no estar, pido sinceras disculpas, sigo queriendo como quería, solo que sigo estando aquí porque más que pensar que me necesitan necesito yo estar aquí. 


domingo, 1 de septiembre de 2013

Acabo de Llegar




Ese “cada quien es cada cual” de Serrat, ha sido una de esas constantes que me han acompañado a lo largo de estos 23 años, claro está que no tenía yo más de 12 cuando lo descubrí por tanto habría que reducir los años a 11. Una partida es una aurora boreal que cambia de color y hace cambiar tu retina, un regreso en un atardecer que se resiste a que la oscuridad sea plena.

He vuelto, para quedarme a tú lado, para participar en la batalla, siempre he sabido que la guerra la acabamos perdiendo, porque así es el universo, es como el DO final, cuando suena victorioso se acaba sea cual sea el compás, pero esto es batalla, y esa batalla hay que ganarla.

No pienso derramar una sola lágrima, porque toda la energía la tengo que concentrar en el objetivo, y ese es ganar, como siempre hemos hecho, quiero volver a Serrat a tus discos de Serrat. La vida te la dan pero no te la regalan por eso sé que ahora en la lucha somos los mejores –es curioso- siempre unidos en eso que se llama “estar bien”. El resto del tiempo discutiendo, que es lo nuestro, pero cuando el “estar bien” se altera, es como si cambiáramos de estado y nos uniéramos sustituimos el grito y el reproche por la complicidad, aún recuerdo la Mononucleosis y aún recuerdo la foto del concierto de La Bullonera que me enseñaste.

Acabo de llegar, no quiero hablar de América porque América es un cuento que no tiene cabida en eso que llamamos realidad, acabo de llegar y he venido para quedarme, para no soltar esa mano, para mirar esos ojos y para pelear en los tiempos que han de venir, ya sé que tú sabes de medicina más que nadie, pero yo que no sé nada sé que quiero estar donde tú estés.