domingo, 29 de enero de 2012

Indefinido


La habitación tiene todavía una densa atmósfera, contrasta cuando salgo al pasillo, como si una ligera brisa acariciara una piel todavía en brillos, hay  un cambio de temperatura, una drástica disminución del calor.

-Siempre acabas en la misma esquina, con la vista perdida.

-Me cuesta reaccionar, todo es confusión.

-Eso ya lo he oído antes.

-Nadie debe saber esto, todo el mundo debe seguir pensando que no me caes bien, que  para mi eres un engreído y que no te soporto.

-No diré nada que no sepas, ese es tú problema, no el mío, tú viniste a mí, tú te metiste en mi cama,  y cada martes estás aquí con exquisita puntualidad.

El aire se iba enfriando poco a poco, seguíamos con una leve luz, sin que se hiciera necesaria mayor luminosidad, es como si cada martes hubiera al amparo de esa luz, una sucesión de movimientos, en un tablero de ajedrez imaginario, donde los papeles variaban según la partida, según los instantes entre sabanas, a veces los previos y otras veces los posteriores.

-Ponte por un momento en mi lugar.

-No

-¡No entiendes nada!

- ¿Entender?... entender, que naufragas en tú mundo porque pretendes que el mundo real se fusiones con él……  entender que qué navegas por la literatura de la seducción y acabas sumergiéndote en el pecado cuando este lleva unos Calvin Klein ajustados.

-No sé porque sigo contigo

- Porque te gusta, porque llevas tanto tiempo buscando el lado oscuro que una vez que lo has encontrado entras en un éxtasis de locura pleno y eso te genera un adicción que te hace feliz.

-Nadie debe saber esto.

-La mítica preocupación que nadie lo sepa, que nadie sepa que la más brillante de las mentes, se pone de rodillas y mendiga placer, que nadie sepa que morando el Olimpo se baja  la tarde de un martes a un Hades de lujuria. Pero sobre todo………………que nadie sepa que te gusta, que gozas, gritas y jadeas, que entras en un frenesí de locura, que tu verdadero instinto sale y no quiere volver a entrar.

-¡Calla por favor! Para ti es muy fácil eres la parte más canalla, disfrutas porque me haces sufrir, disfrutas porque sabes que no pasa ni un minuto sin que piense en ti.

Suena la alarma del móvil, me pongo mi camiseta y miro de manera amplia la habitación, la cama desecha, su figura en la esquina, todavía sin vestir, entre pensamientos y deseos, entre miradas vagas y suspiros sin afinar.

-Cada persona es dueña de su vida, yo soy lo Canalla que tú quieras que sea, en el fondo buscabas tú novela y la has encontrado.

Las siete de la tarde, ahora si la luz general en la habitación, las sombras y volúmenes de las sabanas, que constituían una geografía pasional, han desaparecido con el torrente lumínico, queda el desorden, los pensamientos en cierto compás de lamento, que siguen resonando en cada pared, queda ese aroma de perfumes contrapuestos, esos gritos que se adhieren a la habitación como una segunda piel de tono.

- Nadie debe enterarse

- Te conformas con tan poco que nadie debe enterarse, y cada vez que concluyas que soy un pedante y un engreído, tú serás quien respire aroma de martes.

- Cuídate por favor, voy a coger el metro.

- El martes acuérdate de traerme el libro de Octavio Paz

- No se me olvidará........hasta el martes.

sábado, 21 de enero de 2012

Vampiro, acordes, palabras, imágenes

video

La noche y el día construyen espacios de irrealidades que son como nutrientes para cada mente, para cada ser que siente la necesidad de percibir otras miradas, otras bellezas aunque estas escapen a los cánones tradicionales, porque lo tradicional suele en los momentos presentes cotizar a la baja.

El Vampiro prescinde del obligado modelo  de razonamiento de la ciencia porque este se construye y se presenta sometido a una amalgama casi infinita de hipótesis materialistas que no pueden dar cuenta de sus intuiciones; que en nada llegan a racionalizar emociones propias y ajenas además de articular criterios que sólo atienden a las relaciones visionadas en los fragmentos de una realidad que ha sido armonizada por los distintos usos a los que se ha solapado.

Con los finales de ciclo, se hacen en el mundo racional balances, inventarios de género y sobre todo expectativas para el nuevo periodo, todo ello dentro de un patronaje perfectamente diseñado y como compartimento estanco.

Nada más lejos que entrar en esos barbechos; simplemente en un rincón donde el Vampiro habita y las más de las veces sobrevive, se pinta, se hacen manualidades, se recogen todos los elementos y se hace un amalgama, un collage, es un juego de laboratorio pero un laboratorio sencillo, de los que te dejan los reyes cuando tienes once años; por un lado , música esa piel que es más piel que la propia la mayoría de las veces, dermis con la que nadie se siente ofendido o casi nadie, esa que cuanto más se conoce más se quiere y no como la otra que cuanto más se conoce menos gusta.

Sobre un preparado de palabras, que permiten jugar con las distintas porosidades del color, palabras forjadas en el interior, palabras de esperanza, de miedo, de amor, palabras dedicadas a los poetas a los escritores a los amigos, palabras que el cierzo jamás se lleva, las mece, las aposenta y las regala a cada cual, aunque algunas estén llenas de melancolía y otras no sean el bálsamo de optimismo deseado.

A cada palabra una imagen, algo con lo que la mirada identifica, algo que para el Vampiro es una cosa, pero para el resto de los amigos es otra, o son millones de sentimientos, imágenes que al redoble de tambor, producen estruendo de sensaciones, imágenes que son tambor, tambores que son vistas, tambores que son sonidos que solo se ven no se oyen, tambores que son de Buñuel.

No hay resultado, solo música que se ve, imágenes que se oyen, palabras que son temblor cuando acarician la piel, palabras que son dardos, que sin querer son pétalos o balas, las palabras nunca quieren sin no quiere quien las escribe.

Quiero hacerle caso a Toquinho, y pensar que el futuro es una acuarela y mi vida un lienzo que colorear. Es a mi madre a la que le gusta Toquinho, curioso. Al final no hay resultado, son cosas que han ido naciendo, creciendo y muriendo en este tiempo. Una obra destinada a ser entendida en su total dimensión que el Vampiro reafirma y distingue en un impulso primigenio que desordena sus experiencias más íntimas, que se expande alrededor de una estructura lingüística que existe independientemente como una entidad, pero todo esto no es brillante, no es bueno, es simplemente una entidad, la del Vampiro.

Pronto llegará Febrero, yo tengo preparada mi caja  de Luz, y me da rabia que en la ventana de enfrente en la Rue de Croulebarbe no haya nadie que huela a menta y miel. Pero será otro tiempo quizás la puta lámpara maravillosa a la que solo le pediré un deseo -no necesito más- la lámpara no está en ningún desierto está en Houston esperando y no sé creo que solo yo lo he adivinado porque no tiene forma de lámpara.

Nada se ha hecho para siempre, a una tarde de Diciembre bella y emotiva le sucederán otras tristes y con llanto, a palabras como caricias tormentas oscuras las teñirán de negro azabache, solo una cosa, seguirá habiendo palabras imágenes y acordes o si se prefiere, seguirá habiendo Vampiros, febreros, acordes, escritores, amigos, niños grandes de la estepa que riega el gran río, palabras, dos orillas, niebla de colores, cierzos, desiertos y tierra roja, bailarines y cuatro cuerdas. Y yo seguiré queriendo a Lorién mucho.

jueves, 12 de enero de 2012

El Retablo de las 24 Historias


A Jaime por sus maravillosas lágrimas de creación


Todos conocían en la vieja ciudad de las piedras, el obrador del maestro imaginero, allí desde su juventud Ximeno de Burgos, labraba imágenes y retablos para conventos y parroquias,  también para la poderosa nobleza que dedicando  unas horas al rezo en sus casonas y palacios, creían asegurarse ese trozo de cielo, que monjes, canónigos y prelados vendían en la tierra.

Era Ximeno de Burgos artesano con maestría, había aprendido el oficio por una tremenda vocación, ya que su familia jamás se había dedicado a nada tan singular como las artes, incluso cuando con la serenidad que él ha convertido en virtud, expresó su deseo de formarse en el taller de Gonçal Dalmau, encontró un poco de indiferencia y un mucho de desinterés. Pero su fuero interno -como conciencia seguro- le decía que ese era de los caminos…… el correcto, que sin duda había nacido para labras e imágenes, para hacer de la creación profesión y vida, sabedor como era Ximeno de Burgos, que en cada obra y en cada traza, daría todo lo mejor de sí, pues cada personaje cada impronta era una parte de su alma y un todo de sus lágrimas.

Se acercaba el final del año, Ximeno de Burgos trabajaba denodadamente en su taller, no estaba tan lejos aquel tiempo que el maestro Dalmau, le había enseñado pacientemente el oficio, ni tampoco cuando le dejó encomendado el taller con la marcha de este a la Corona de Aragón, donde era requerido por el primado de aquella Iglesia el Arzobispo de Tarragona.

Era un momento especial, Ximeno labraba y pintaba el gran retablo de las 24 historias, un encargo que había llegado a su taller, con cierta prudencia, con cierto halo de misterio desde hacía tiempo, llevaba una época que ya había trabajado en distintas trazas para un gran retablo donde se exhibiera lo mejor de su arte, lo mejor de su alma y sin duda que este encargo reunía las condiciones necesarias para convertirlo en esa creación donde reflejar tantas palabras vividas, tantos anhelos y tanta maestría adquirida con el paso del tiempo.

Había cierto movimiento en el obrador, junto a Ximeno de Burgos, dos aprendices venidos de Zaragoza a la adusta Castilla, Daniel y Andréu, ambos se encontraban todavía en la fase de ser considerados mozos, ordenaban las carpetas y grabados del maestro, y comenzaban con las sabias enseñanzas por  este a realizar los preparados de estuco y bol para asentar los dorados; conocidas eran las magnificas policromías doradas de Ximeno de Burgos, los brocados estofados de sus estampaciones en las tablas, la sensualidad de sus geometrías, sus retablos eran definidos como paginas de bellas palabras, donde cada imagen iniciaba un hermoso dialogo con el espectador.

Se acercaba el momento de entregar la obra y Daniel y Andréu se empleaban a fondo en colocar las finas capas del bol de armenia, para el trabajo de dorar, ese retablo era para ellos un prueba dura, puesto que sabían que de su hacer podían subir un nuevo escalón con la ayuda de su maestro y convertirse en aprendices, para ello no solo debían ser juzgados por el propio Ximeno de Burgos, también el gremio de pintores y doradores de la ciudad debía emitir su opinión al respecto.

Cada tarde antes de salir del obrador, miraban la fina mazonería que albergaba las 24 imágenes que con paciencia iba creando el maestro, el maravillosos juego de tracerías que adornaría cada tabla, el sutil juego de pináculos que separaba cada calle de las cinco que tenía el retablo, con esa majestuosa calle central donde Ximeno de Burgos, habría de colocar las escenas más importantes, y la magnifica polsera ya terminada, que envolvía todo lo mazonado.

El dorado estaba casi listo, miraban con interés como el maestro depositaba las láminas de fino oro y bruñía con el ágata adecuada la superficie, luego Daniel se encargaba de barnizar con un preparado resinoso la superficie dorada para acentuar su brillo, mientras Andréu limpiaba los sobrantes de las delicadas hojas de oro.

Se acercan los días y las imágenes están casi listas, esa tarde el maestro permite a sus alumnos ver 22 de las 24 tablas que han de colocarse en el retablo, los ojos de ambos jóvenes –casi niños- se abren como si el sol iluminara doblemente un espacio, quedan quietos sin moverse y solo aciertan a ver como esa perfección de colores, de sensualidades les inunda con una magnificencia propia de las sabias manos que las han creado. Entienden de repente las emociones del maestro, sus lágrimas, como su alma y su cuerpo son pensamiento y pincel en la construcción de cada historia, como esas tardes de intensidad le dejan absorto, cansado pero con un interior rico en nuevas ideas que serán plasmadas en las siguientes jornadas.

El retablo está concluido, han pasado ya muchos días desde que comenzaran a colocar las 22 tablas terminadas, quedan las imágenes centrales, las que dan sentido al retablo, sobre una delicada tracería, y justo debajo del ático que corona el blasón de la ciudad, un río y dos ángeles uno lleva unas plantas y flores en la mano y el otro un laúd. Para los comitentes el maestro ha plasmado como se llega a la salvación a través de las aguas, pero el maestro sonríe y sabe que su plasmación es cariño, es amistad y es sinfonía de esos buenos momentos vividos.

Queda por colocar la tabla central, la mayor en tamaño, la que la capitulación y contrato señala que debe ser un alegoría a la Epifanía, cuando Ximeno de Burgos ordena a los mozos que ensamblen la tabla, todo el retablo se convierte en un universo de color, de formas llenas de armonía, de sentidos y líneas que penetran en la retina, un juego de color equilibrado con sentimientos estilizados que resuenan como palabras, es todo un orden de amor el que se sitúa, aparece un plano lejano con tres reyes magos que caminan de espaldas hacia el infinito, una plaza con luces en el cielo y un niño hablando con un paje real, que parece rezagado, en la esquina inferior izquierda un hombre bueno escribe en un pergamino lo que allí ocurre mientras de sus ojos brotan bellas lagrimas de felicidad.